11 años del Sistema de Alerta Temprana del Cotopaxi: tecnología, prevención y trabajo en campo
En septiembre de 2015, el volcán Cotopaxi había vuelto a recordar a los habitantes de Quito y sus valles que convivimos con uno de los volcanes activos más importantes del mundo. El incremento de su actividad obligó a acelerar planes de contingencia, rutas de evacuación, simulacros y mecanismos capaces de alertar rápidamente a la población ante la eventual formación de lahares.
En ese contexto, hace ya once años, participamos en la instalación del Sistema de Alerta Temprana (SAT) para el volcán Cotopaxi, contratado para la EP EMSEGURIDAD del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito. En aquella época nuestro equipo operaba bajo otra razón social.
Y como suele ocurrir en los proyectos de campo, el Cotopaxi no fue el único que puso a prueba al equipo: el clima del Valle de Los Chillos también!
El 29 de septiembre de 2015, medios como Ecuavisa y El Comercio informaban sobre la entrada en operación de las primeras estaciones en el Valle de Los Chillos. El sistema se presentó públicamente como una herramienta para advertir a la población ubicada en sectores potencialmente afectados por lahares provenientes del Cotopaxi.
Seis sirenas para una infraestructura crítica
El proyecto comprendió seis estaciones distribuidas entre el Valle de Los Chillos y el corredor hacia Tumbaco:
Playa Chica, La Armenia, Liceo Naval, Guangopolo, Cununyacu y El Nacional.
La prensa de la época señalaba que las tres primeras estaciones fueron instaladas en Playa Chica II, La Armenia y el Liceo Naval, completándose posteriormente las ubicaciones de Guangopolo, Cununyacu y el sector de El Nacional. Estas estaciones estaban emplazadas precisamente en áreas consideradas estratégicas para la alerta de las poblaciones expuestas.
No se trataba de simples alarmas comunitarias.
El sistema utilizaba tres sirenas electrónicas Pavian 1200 y tres Pavian 2400, con potencias de 1.200 W y 2.400 W, respectivamente. El fabricante documentó posteriormente el proyecto como un sistema de alerta temprana desarrollado para la zona de riesgo del volcán Cotopaxi, con capacidad para reproducir señales de alarma, mensajes pregrabados y voz en tiempo real.
Las sirenas se integraban a un centro de control mediante varios canales de comunicación. La arquitectura contemplaba radio, Ethernet y comunicaciones de datos GPRS, además de una estación repetidora para aquellos emplazamientos en los que no existía línea de vista directa hacia el centro de control. Cada estación disponía asimismo de respaldo energético mediante baterías y alimentación complementaria desde paneles solares.
Para 2015 esto representaba una infraestructura considerablemente más sofisticada que una sirena convencional: las estaciones podían ser supervisadas, probadas y activadas remotamente, transmitir mensajes de voz y mantener capacidad de funcionamiento aun frente a fallas de energía o de alguno de los medios de comunicación.
El propio Municipio describía entonces un sistema de seis sirenas de largo alcance, conectado al COE Metropolitano y destinado a cubrir las zonas de riesgo de lahares. La información oficial destacaba también la combinación de alimentación eléctrica y solar y la existencia de comunicaciones redundantes para una aplicación en la que la disponibilidad resultaba crítica.
Detrás de la tecnología hubo trabajo en campo
Las especificaciones técnicas cuentan solamente una parte de la historia.
Quienes hemos instalado infraestructura de alerta sabemos que un sistema de estas características se construye también desde una canastilla elevada, entre herramientas, cables, estructuras metálicas, pruebas de comunicación y muchas horas de trabajo a la intemperie.
La fotografía que acompaña este artículo fue tomada durante aquellas instalaciones de 2015. En ella, dos de nuestros técnicos trabajan en altura sobre uno de los postes mientras intentan protegerse de la lluvia con paraguas.
Es una imagen que resume bastante bien aquella etapa del proyecto.
Septiembre y octubre son meses en los que trabajar en el Valle de Los Chillos puede significar pasar en pocos minutos de una mañana despejada a lluvia sobre equipos, herramientas y personal. Once años después, en otro octubre lluvioso, la fotografía adquiere un significado especial: detrás de una infraestructura que posteriormente aparece en mapas, especificaciones y centros de control siempre existen personas que tuvieron que instalarla físicamente, resolver problemas en campo y dejarla funcionando.
Un sistema que pasó inmediatamente a formar parte de los simulacros
Pocos días después de las instalaciones comenzaron los ejercicios con la población.
El 7 de octubre de 2015 se realizó en Playa Chica uno de los primeros simulacros empleando el nuevo SAT. Alrededor de 500 habitantes participaron en la evacuación hacia uno de los puntos seguros establecidos para el sector.
Las pruebas y simulacros cumplieron además otra función fundamental: comprobar en condiciones reales la propagación del sonido, la comprensión de los mensajes y la respuesta de las comunidades. Como ocurre con cualquier sistema de alerta pública, su efectividad no depende únicamente de la potencia de una sirena, sino de la combinación entre cobertura acústica, comunicaciones, energía de respaldo, procedimientos, mantenimiento y preparación de la población.
Ese principio sigue siendo válido hoy.
Once años después, las sirenas siguen ahí
Tal vez la mejor forma de dimensionar aquel trabajo sea mirar el sistema no solamente desde 2015, sino desde 2026.
Este año, con motivo de un nuevo simulacro nacional ante una posible erupción del Cotopaxi, el Municipio de Quito anunció nuevamente la activación de las sirenas del Sistema de Alerta Temprana en Playa Chica, Liceo Naval, Armenia 2, Guangopolo, Cununyacu y El Nacional: los mismos seis emplazamientos de aquella infraestructura instalada once años atrás.
En años recientes el Municipio ha continuado realizando pruebas, mantenimiento y verificaciones de operatividad sobre estas estaciones. En septiembre de 2025, por ejemplo, se anunciaron trabajos y pruebas sonoras en esos mismos puntos del Valle de Los Chillos y Tumbaco.
Para nosotros, esa continuidad tiene un significado particular.
Aunque hoy somos otra compañía, aquella experiencia forma parte de la historia técnica sobre la cual continuamos desarrollando soluciones de alerta y notificación desde WaveDough Technologies.
Han cambiado las plataformas electrónicas, las redes de comunicaciones, el procesamiento digital y muchas de las herramientas que utilizamos. Pero la finalidad esencial permanece intacta: hacer que una advertencia crítica llegue de forma clara, confiable y oportuna a las personas que necesitan recibirla.
Once años después, mirar aquella fotografía bajo la lluvia no es solamente recordar una instalación. Fueron condiciones adversas no solo climáticas, sino el adverso y herrático comportamiento de la empresa pública.
Es recordar dónde se construyó una parte importante de nuestra experiencia. Trabajar bajo la lluvia, cumplir exigentes plazos, luchar contra la adversidad y el valor del trabajo en equipo.



